Testimonio: Sergio Trujillo

Sergio Trujillo posee una trayectoria de casi cinco décadas en la docencia. Su carrera comenzó en 1979 y, actualmente, se desempeña como bibliotecario en el Complejo Educacional Consolidada de Puente Alto. A lo largo de estos años, ha visto cómo el sistema educativo ha transformado las expectativas y condiciones laborales de los profesores.

Su historia, como la de muchos profesionales de la educación pertenecientes a su generación, está marcada por la llamada deuda histórica, una herida que aún permanece abierta. 

Antes de la municipalización, los profesores tenían un estatus similar al de los funcionarios públicos, lo que les garantizaba un nivel de ingresos estable. No obstante, con el traspaso de la administración de los colegios desde el Estado a las municipalidades, la situación cambió drásticamente.

—A partir de 1980, surgieron una serie de beneficios para el profesorado. Salió una ley que establecía una bonificación considerable para los docentes, desde un 25 hasta un 95% de su sueldo. Esta estaba distribuida en un periodo de cuatro años, desde 1981 hasta aproximadamente 1985, en que se iban a reajustar los sueldos. Por lo tanto, ahí vendría una mejoría. Sin embargo, en 1981, empezó a surgir lo que es la municipalización y esto significó que todos se deshicieron en gran medida de las escuelas, pasándolas a las municipalidades. Lo que se había logrado gracias a esta “mejoría”, se perdió —recuerda Trujillo, refiriéndose al proceso de descentralización que lo afectó gravemente, arrebatándole beneficios salariales esenciales. 

Este cambio trajo consigo no solo la pérdida de derechos laborales y salariales, sino también una sensación de abandono y desvalorización profesional. Sergio cuenta cómo tuvo que trabajar en múltiples recintos educacionales para poder subsistir.

—Un profesor tenía que trabajar dos o tres jornadas. Llegué a estar en tres colegios. En la mañana, en un colegio particular llamado Santa Joaquina de Vedruna, allí estuve 25 años; en la tarde, en el Liceo Industrial de Puente Alto y en la noche, en el Liceo de Puente Alto—. Estas jornadas extenuantes eran parte de la realidad diaria de muchos maestros, quienes, a pesar del intenso sacrificio, se mantenían firmes en su vocación. 

Durante el transcurso de los años, las promesas de reparación han sido recurrentes, pero las soluciones nunca llegan a concretarse. Con frecuencia, relata el docente, aparecen abogados que aseguran tener las herramientas necesarias para resolver la deuda histórica.

—Cada cierta cantidad de años, surgen abogados interesados en solucionar esto. Uno se inscribe, te piden los datos y que ahora sí se va a lograr. Pasan los años… Imagínate que son más de 40 y no hay opción. Al final, uno lo da por superado y ya pasó. Es muy difícil que se vaya a solucionar. No creo que se vaya a solucionar.

Sergio Trujillo considera también que ha surgido una “segunda deuda histórica”. En 2016, se estableció un bono de incentivo al retiro para aquellos profesores en edad de jubilar. Pese a eso, al igual que con la deuda original, los pagos no se han materializado.

—Yo llevo cuatro años esperando, debería haberme jubilado en 2020. A uno le gusta, pero hay momentos en los que se dice: “Ya está bien. Es necesario irse”—reflexiona, aludiendo al desgaste físico y emocional que conlleva seguir esperando un beneficio que pareciera que tampoco llegará. 

A pesar de todo, Sergio Trujillo destaca que, por primera vez, un gobierno ha reconocido la existencia de la deuda histórica. Aunque es consciente de que este perjuicio salarial es “impagable”, valora que, al menos, se haya identificado el problema y se esté discutiendo una posible solución.

El impacto de este problema salarial no solo ha afectado a Sergio, sino también ha tenido consecuencias en el sistema educativo en general. El profesor lamenta la falta de interés en mejorar la educación pública y cómo, desde la dictadura militar, se fomentó la privatización del sistema educativo.

—La dictadura se preocupó prácticamente de terminar con la educación pública. Surgieron los colegios particulares subvencionados, donde cualquiera podía abrir uno. Se transformó en una serie de colegios que no aportan en nada, absolutamente nada en la educación—comenta, haciendo una crítica a la mercantilización de la educación, que ha llevado a una fragmentación del sistema educacional en el país. 

Para él, la solución pasa por fortalecer nuevamente lo público y garantizar que los maestros reciban el respeto y las condiciones laborales que merecen.

—He tenido la suerte de viajar, he viajado a varias partes donde la educación y salud son públicas. Son factores que aquí en Chile se pueden hacer, sin tener que eliminar la educación privada porque va a existir siempre, pero no centrar toda la formación en lo que es un negocio—concluye. 

Sergio Trujillo es el retrato de una generación de profesores que, a pesar de las dificultades, nunca abandonaron su vocación. Asimismo, es el testimonio de una lucha que ha durado más de cuatro décadas y que aún sigue buscando justicia y reconocimiento. 

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