Testimonio: María Angélica Poblete

María Angélica Poblete es una profesora normalista jubilada. Su historia refleja tanto el amor por su profesión como el desencanto hacia un sistema que ha dejado a los profesores en una posición vulnerable, especialmente en relación con la deuda histórica. 

Poblete inició su carrera como profesora de Educación General Básica y más tarde se especializó en Orientación Educacional y Familiar. Con el tiempo, llegó a ser directora de un colegio, una experiencia que la marcó profundamente y que también le permitió participar en programas internacionales, como una beca en Inglaterra, donde se dio cuenta cuán lejos estaba Chile en comparación con dicho país.

—Tuve una beca en Inglaterra, cuando fui directora, para conocer su realidad educativa. Y, aunque fue una experiencia enriquecedora, constaté que estamos a años luz de los países más avanzados en educación. Es maravilloso trabajar en esos contextos, pero también es gratificante ayudar a sacar de la pobreza y contribuir a la movilidad social de tantos niños que nos toca educar —reflexiona sobre su experiencia—. Creo sinceramente que la educación en Chile limita las posibilidades de muchos niños que quieren cambiar su destino. Lo que sucede es que la educación se ha convertido en un negocio, al igual que otros servicios públicos como la salud. Nosotros somos canje, somos clientes, ya no somos ni pacientes ni estudiantes. En el caso de los estudiantes, son sencillamente clientes. 

Por otro lado, la deuda histórica ha sido una fuente constante de frustración y desilusión para María Angélica y sus colegas. A pesar de contar con el apoyo económico de sus hijos, si lo necesitara, ha visto cómo a algunos de sus compañeros les resulta imposible pagar insumos básicos, y han tenido que recurrir a opciones extremas para poder subsistir.

—Gracias a Dios, tengo tres hijos que, en el momento en que a mí me faltara algo, sé que están ellos ahí. Son profesionales. Pero tengo colegas que han ido a almorzar a iglesias porque su pensión es paupérrima. La mía no lo es tanto. Tampoco es lo que esperaba, ya que terminé ganando solo un tercio de lo que ganaba antes. Lo considero una estafa del Estado tan grande, que nos traicionó al dejar nuestra situación en manos de una empresa y así fue como quedamos —señala con amargura. 

Además de su activismo relacionado con la deuda histórica, ha fundado el Observatorio de Maipú por los Derechos de las Personas Mayores. Desde entonces, ha trabajado arduamente en el marco de la Convención Interamericana para la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Para ella ha sido una experiencia transformadora en el sentido más profundo de la palabra. Gracias a esto, ha llegado a comprender cómo sus derechos fueron vulnerados, especialmente en relación con este perjuicio salarial, el cual atenta directamente con la dignidad humana, uno de los principios fundamentales de la Convención. 

Fotografía de una manifestación donde una docente, vestida con un delantal blanco que dice 'Soy docente, el Estado me debe', participa en una protesta organizada por el Colegio de Profesores de la Región Metropolitana. Al fondo, se observan otras personas apoyando la causa en un entorno urbano.
María Angélica Poblete participando en una manifestación organizada por el Colegio de Profesores

Uno de sus proyectos más recientes es la realización de una película documental sobre la deuda histórica. La deuda es dirigida por Juan Carlos Mege y está protagonizada por la fallecida actriz Grimanesa Jiménez, quien da vida a Alicia, una mujer enferma y postrada, cuyo estado emocional se deteriora continuamente debido a la difícil situación que enfrenta. La trama se sitúa en el contexto del estallido social de octubre de 2019, un momento que despierta en la protagonista un renovado sentimiento de lucha y la esperanza de seguir adelante. La cinta tiene como propósito visibilizar el drama que viven los profesionales de la educación y crear conciencia entre las nuevas generaciones.

—Me llamó una colega y me dijo: “Angélica, ¿qué te parece si nos embarcamos en una película?”, “¿Una película?”, le pregunté. Me explicó que habían contactado a un director de cine que les propuso hacer una película sobre la deuda histórica. Al principio dudé, pero finalmente decidí involucrarme. Comenzamos a conversar con el director, quien nos hizo una invitación muy buena. Esta no es una película para hacer negocios; es un proyecto que servirá como un documento —explica—. Aunque se va a exhibir en cines, nuestra intención es también llevarla a las universidades y a los colegios de enseñanza media, para que los estudiantes conozcan el drama de sus profesores y puedan desarrollar un juicio crítico sobre la realidad. Porque, sinceramente, hoy en día tampoco se fomenta el pensamiento crítico en los alumnos. 

Póster de la película 'La Deuda' de Juan Carlos Mege, producido por Pulsar Films. El cartel muestra a una figura central rodeada de rostros con expresiones serias. En la parte inferior, un grupo de manifestantes sostiene una pancarta con el mensaje: '20,000 profesores han muerto esperando justicia. ¡¡Pago deuda histórica ahora!!'. La imagen resalta el tema de la deuda histórica de los profesores en Chile.
Póster de la película La Deuda de Juan Carlos Mege

El consuelo más importante que comparte María Angélica es que su vida y carrera han sido envueltas por vivencias maravillosas al servicio de la docencia. A estas alturas, ella señala que la cuestión del dinero no tiene tanta importancia. Solamente conserva recuerdos preciosos de numerosos alumnos a quienes ayudó a prosperar, a pesar de las limitaciones económicas y la básica escolaridad de sus padres, a los cuales les brindó apoyo enseñándoles a leer y escribir.

—Hacemos una labor tan linda, y si yo volviera a nacer, volvería a ser profesora, porque me encanta… Es tan hermoso ver cómo los niños se entusiasman cuando uno les enseña, cómo nos dicen que quieren ser algo más grande. He vivido experiencias tan notables que creo que esa es mi verdadera recompensa. Uno llega a pensar: «Ya, la plata», ¿qué le vamos a hacer? Ya la perdimos. Pero tengo recuerdos tan hermosos de tantos niños que ayudé a salir adelante, niños con dificultades económicas, hijos de padres analfabetos, por lo que, entre otras cosas, también me dediqué a alfabetizar. Eso es lo que realmente importa.

Esos logros y momentos especiales han llenado su vida de significado y satisfacción, superando con creces cualquier obstáculo material que ha traído esta disyuntiva. Su relato es una mezcla de esperanza y desilusión, pero sobre todo de una profunda dedicación hacia el bienestar de las generaciones futuras, las cuales mantienen viva la llama de un cambio real. 

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