Elizabeth Chávez inició su carrera en la docencia hace 42 años. Trabajó en la Escuela Nonato Coo de Puente Alto que, en su momento, fue uno de los mejores establecimientos estatales de la comuna.
Al hablar sobre el traspaso de los colegios desde el Estado a los municipios durante la dictadura, Chávez describe cómo este proceso desconoció los derechos adquiridos de los profesores, destacando la precariedad económica que enfrentan muchos de sus colegas actualmente en sus jubilaciones.
—Yo salí con un sueldo de un millón de pesos, pero al pensionarme me quedó en menos de la mitad. Y eso que me pensioné por la renta vitalicia. No sé si fue una buena o mala decisión. De todas formas, hubo colegas que ganaban setecientos mil pesos y al pensionarse quedaron con doscientos mil. Ahora mismo, hay colegas que tienen ese sueldo, esa pensión que es miserable. Me pregunto cómo logran vivir —cuestiona Chávez, quien considera que la lucha por la deuda histórica ha sido un largo camino lleno de desgaste y frustraciones. Desde que perdió su condición como funcionaria pública, también se esfumaron beneficios como los bienios y trienios, los cuales eran fundamentales para su desarrollo profesional y estabilidad económica, ya que brindaban un aumento en su salario cada dos o tres años respectivamente.

El desinterés del Estado es un aspecto que Elizabeth critica con fuerza. Según ella, la comunidad política ha mostrado una notable indiferencia hacia la posibilidad de una reparación justa para los educadores afectados.
—La verdad es que hay muy poco interés. Mucha indiferencia de los gobiernos, de la comunidad en general, de la comunidad política por llegar a un acuerdo de reparación, porque tampoco esperamos que nos paguen la deuda histórica. Eso es mucho dinero, a pesar de que quedamos poquitos —enfatiza, mencionando, además, que una gran cantidad de sus colegas han fallecido esperando una solución concreta.
Junto con este factor, la falta de apoyo del Ministerio de Educación, las municipalidades y el Colegio de Profesores han provocado que no existan incentivos ni redes de apoyo para los educadores actuales, quienes se enfrentan a un entorno laboral complicado, sin el respaldo suficiente para enfrentar los desafíos en el aula. Igualmente, la calidad en la formación de nuevos profesores se ha deteriorado, con escuelas de pedagogía que no logran entregar las competencias y el compromiso que antes caracterizaban a la profesión.
—No hay incentivos para el profesor actual, no tienen redes ni estímulos. Además, están trabajando en condiciones muy complicadas. Mi sobrina, que es profesora de historia en un colegio emblemático, me decía que es casi imposible trabajar en este momento por la falta de apoyo al docente. Sinceramente, y después de la pandemia, la situación ha empeorado—explica—. Las municipalidades no se preocupan por los colegios. Los centros educativos están en condiciones lamentables y luego culpan a los estudiantes. Por ejemplo, el Instituto Nacional sigue teniendo los mismos pupitres de hace décadas, con el asiento pegado a la mesa. No tienen baños decentes y aun así se les exige. El sistema necesita un cambio profundo.
No obstante, la profesora normalista reconoce la promesa del Presidente de la República Gabriel Boric de buscar una reparación justa a este perjuicio salarial, lo que le ha brindado una esperanza renovada.
—Durante este gobierno del Presidente Boric, en la primera parte de su propuesta, sugirió que nos podría dar una reparación… y la verdad es que yo le creo. Yo creo que vamos a llegar a un acuerdo —confiesa con un tono de optimismo, aunque con reservas debido al largo listado de promesas incumplidas por administraciones anteriores.
La organización y el activismo han sido pilares importantes en la vida de Elizabeth Chávez. A través del Departamento de Profesores Jubilados (Deproj), ha buscado mantener viva la llama de su protesta. Asimismo, menciona su participación en la creación de una película testimonial titulada La Deuda, dirigida por Juan Carlos Mege y que aborda historias reales de profesionales de la educación perjudicados por este tema.
—Antes de la pandemia, ya habíamos iniciado el proyecto en 2018 y grabamos en diversas locaciones como Concepción, Lota, Talcahuano y Santiago (incluyendo la Feria de los Artesanos, el Templo de Maipú y el Cementerio General) y Valparaíso. Esta película es un testimonio de lo que sucedió con los y las docentes de Chile. Mege ha realizado exclusivamente películas testimoniales y en este caso, utiliza actrices y actores para abordar la problemática que enfrentan los profesores respecto a la deuda histórica.

Para Elizabeth, resolver este conflicto significa validar el trabajo y el sacrificio de miles de profesores que dedicaron su vida a la educación, destacando la necesidad de apoyar a quienes siguen combatiendo por sus derechos después de más de cuatro décadas de espera.
—No ha sido validado el trabajo de los pensionados o jubilados que fueron personas que lo dieron todo. Súper fanáticos del trabajo que hicimos todos. Mucha entrega, mucha vocación —concluye, ya que para ella, el valor de esta batalla no radica solamente en lo monetario, sino también en el reconocimiento y la dignidad.
